Heidelberg – La ciudad del romanticismo

“Se puede decir que la ciudad, con su ubicación y todo su entorno, tiene algo ideal”, escribió Johann Wolfgang von Goethe hace más de 200 años en su diario. Y también los poetas románticos Joseph von Eichendorff, Clemens Brentano y Achim von Arnim sucumbieron al encanto de la ciudad, así como el escritor Mark Twain, el compositor Robert Schumann y el pintor William Turner.

Al ser la pura esencia del romanticismo alemán, Heidelberg se encuentra en lo más alto de la lista de las ciudades que los turistas desean visitar. Con razón, ya que la ciudad ofrece, en un espacio no demasiado grande, una gran cantidad de las más variadas atracciones turísticas y museos con interesantes exposiciones.

El majestuoso Palacio de Heidelberg, sobresaliendo por encima del casco antiguo de la ciudad, corona, literalmente hablando, a Heidelberg. El hecho de que desde hace más de 300 años sea en gran parte una ruina, no le resta nada de su encanto. El Palacio de Heidelberg fue durante casi cinco siglos la residencia de los príncipes del Palatinado. También la Universidad Ruperto Carola, con más de 600 años, y su Aula Antigua que casi parece sacral, es inseparable de la historia de la ciudad. Es la universidad más antigua de Alemania. El Aula Antigua se encuentra en el histórico edificio de la Universidad Antigua. Su forma actual se la debe a los planos de Josef Durm, siguiendo los cuales el Aula fue reformada en 1886, con motivo de la celebración del 500 aniversario de Ruperto Carola. Desde entonces, en esta Aula se honra en retratos y bustos a los fundadores, restauradores y promotores de la universidad, así como sus eruditos más importantes desde los comienzos hasta el siglo XIX.

También es muy conocido el “Camino de los Filósofos”. Antaño, los eruditos paseaban por aquí con sus rígidas levitas y dejaban fluir sus pensamientos durante el paseo. En esta “isla climática”, que cuenta entre los lugares más cálidos de Alemania, florecen muchas plantas exóticas: nísperos japoneses y cipreses americanos, genistas españolas y cerezos portugueses, limoneros y granados, bambú, palmeras, pinos... Todo florece semanas antes que en el valle. Y las vistas son únicas: el Camino de los Filósofos ofrece un panorama, que es una verdadera postal, de la ciudad, el río, el Puente Viejo, el palacio y el monte Königstuhl que, con sus 600 metros de altura, corona todo el conjunto. Desde el Camino de los Filósofos, el serpenteante sendero nos conduce, a través de innumerables escalones y un tosco empedrado, hacia el Puente Viejo, otro de los símbolos convertidos en piedra, de la antigua ciudad residencial.

Un ambiente especialmente romántico hay en la terraza Nepomuk junto al Puente Viejo. En la “piedra del amor” de Heidelberg, los enamorados pueden poner un candado como símbolo de su amor eterno. Desde aquí tan solo hay unos pasos hasta el casco antiguo de la ciudad, con sus pintorescas plazas, iglesias, museos y otras curiosidades turísticas. Bares, cafeterías y exclusivas tiendas invitan en la calle principal a deambular e ir de compras. En las calles laterales, con sus callejones y amenos patios interiores, a los visitantes siempre les espera alguna sorpresa. En cuanto a qué hacer por las noches, a los huéspedes también les resulta difícil decidirse, debido a la gran cantidad de espectáculos que hay. Heidelberg posee un teatro histórico con tres sectores, que fue  completamente reformado en 2012. A parte, hay numerosos escenarios privados más pequeños. Tan distintos como son los visitantes de todo el mundo, así de colorido, variado y animado es el repertorio cultural en esta políglota y pequeña urbe. Lo cual también se puede aplicar a la gastronomía y la hotelería, pues en Heidelberg encontrará desde numerosos bares de estudiantes, hasta varios restaurantes gourmet, desde pensiones para mochileros, hasta excelentes hoteles de 5 estrellas.

Heidelberg